Los fundamentos espirituales


Une vie de prière nourrie par l'Eucharistie


Une grande union à Jésus et Marie, dans la tendresse du Père


El Espíritu Santo, aliento vital de la Iglesia


"La primera necesidad de la Iglesia
es siempre vivir el Pentecostés".

Pablo VI


El Pentecostés inicial, fundador de la Iglesia

Jesús, en el momento de dejar a sus apóstoles, en la Ascensión, les mandó que no se alejaran de Jerusalén, sino que esperaran la promesa del Padre, "que oísteis de mí: Que Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días" (Hch 1, 4-5).

Los apóstoles, obedeciendo el mandato del Maestro, se volvieron a Jerusalén a la “estancia superior”, que era su lugar habitual de reunión. Esperaron allí a que se cumpliera la promesa, perseverando con un corazón unánime en la oración, en comunión de espera y de esperanza con María, madre de Jesús.

Los Hechos de los Apóstoles nos relatan cómo se manifestó el Espíritu Santo al primer grupo de ciento veinte discípulos el día de Pentecostés, bajo la forma de un viento impetuoso que sacudió la casa, y de lenguas parecidas a fuego que se repartieron sobre cada uno de ellos.

Esta efusión del Espíritu señala el nacimiento visible de la Iglesia: transformó a los apóstoles temerosos y temblorosos, Pedro el primero, en testigos intrépidos de Cristo, que anunciarían a partir de ahora, con fuerza y poder, que Jesús crucificado había resucitado y estaba vivo, y lo atestiguaban por medio de signos y de prodigios, llegando incluso al martirio.

El pentecostés continuado

Pero la efusión del Espíritu no es un hecho del pasado exento ya de consecuencias: Pentecostés, como experiencia transformadora por la virtud del Espíritu Santo, prosigue en la Iglesia.

Los Hechos de los Apóstoles señalan ya otras experiencias en que estalla la presencia del Espíritu y provoca conversiones, curaciones, nuevas orientaciones pastorales. Pentecostés sigue de actualidad.

Pentecostés sigue de actualidad

Ayer mismo, Juan XXIII, al anunciar el Concilio, no tuvo miedo de apelar a una inspiración especial del Espíritu Santo y pedir a los obispos que se pusieran en oración, con María, y suplicar al Espíritu Santo "que renovara sus maravillas en nuestros días, como por un nuevo Pentecostés".

Después de él, ha sido Pablo VI quien ha afirmado: "La primera necesidad de la Iglesia será siempre vivir el Pentecostés".

Y, en nuestros días, ha sido Juan Pablo II quien ha repetido, en múltiples ocasiones, que la Nueva Evangelización debe tomar su impulso a partir de la gracia pentecostal.

También nosotros tenemos que dejarnos transformar por el Espíritu, abrirnos a su gracia y a sus dones. Para ello, debemos entrar en el Cenáculo con María y salir de él a continuación para realizar, en el mundo de hoy, nuestra misión de enviados de Cristo, sabiendo que un cristiano no está plenamente evangelizado más que si, a su vez, acepta ser evangelizador. El texto que presentamos a continuación, de origen ortodoxo, ilustra de una manera magnífica cómo es el Espíritu Santo quien vitaliza a la Iglesia:

Sin el Espíritu Santo, Dios está lejos,
Cristo se queda en el pasado,
el Evangelio en letra muerta,
la Iglesia no pasa de simple organización,
la autoridad se convierte en dominio,
la misión en propaganda,
el culto en evocación,
y el quehacer de los cristianos en una moral propia de esclavos.

Pero en él:
el cosmos se levanta
y gime en la infancia del Reino,
Cristo ha resucitado,
el Evangelio aparece como potencia de vida,
la Iglesia como comunión trinitaria,
la autoridad es un servicio liberador,
la misión un Pentecostés,,
la liturgia memorial y anticipación,
el hacer humano algo divino.

spiritualité4
L'Église est plus qu’un bâtiment, plus qu’une organisation


Le zèle pour 'lévangelisation