ORACIÓN POR EL MUNDO DE MAÑANA



Padre,

nos da miedo el mundo de mañana.

Hemos perdido la fe en nosotros mismos.

No creemos ya en el progreso indefinido

que debía garantizar nuestra ventura.

No creemos ya en la salvación de la humanidad

por la Ciencia.

No creemos tampoco que el hombre

sea el fin supremo para el hombre,

ni que la muerte sea la última palabra de la vida.

 

Y sabemos también que si, mañana,

alguna central nuclear del tipo Tchernobyl

salta por los aires, por descuido o por maldad,

sería la explosión apocalíptica

tras la cual, nadie sobreviviría entre nosotros

para sepultar a los muertos y establecer el balance.

 

Padre,

si vuelvo la mirada hacia la Iglesia,

que ha recibido de tu Hijo

las promesas de la Vida Eterna,

siento toda la debilidad de esos pobres cristianos

que somos nosotros, tan pobres y tan pocos.

Y oigo subir de todas partes la llamada apremiante

de los Pastores a una nueva

y segunda evangelización.

Para hacer de nosotros cristianos auténticos,

conscientes de los imperativos de su bautismo.

Ayúdanos a encontrar de nuevo

la llama de los primeros cristianos,

y la pujanza de la primera evangelización,

que empezó una mañana de Pentecostés,

en el Cenáculo de Jerusalén donde tus discípulos,

reunidos en oración con María,

esperaban, Padre, que se cumpliera tu promesa.

 

 

 

Concédenos la gracia de ser renovados

“en el Espíritu y en el fuego”.

Enséñanos a hablar al mundo

con lenguas de fuego

y que cese la era

de los cristianos tímidos o mudos

que discuten, inquietos,

nuestros problemas de hoy,

como antes, en el camino

que va de Jerusalén a Emaús,

y que no saben que el Señor ha resucitado y está vivo.

 

Padre,

ábrenos a la acogida de tu Espíritu Santo,

enséñanos a esperarlo, como María

en la hora de la Anunciación

y también en la hora de Pentecostés

–esa natividad de la Iglesia–.

Enseña a las generaciones futuras

que Jesucristo, tu Hijo, permanece

por todos los siglos venideros,

como el Salvador del mundo

 

Ayúdanos a proclamar, alto y fuerte,

que Él es “el Camino, la Verdad y la Vida”.

El Camino, es decir,

la Ruta que lleva a la meta final.

La Verdad, es decir, la Nube luminosa

que guía a los viajeros por la noche.

La Vida, es decir, una profundidad de paz,

de serenidad,

de alegría inalterable

que nada de lo creado puede destruir.

 

Que ojalá puedan, por fin, tus discípulos,

apresurar el paso,

para obedecer la orden que el Maestro les dio:

estar y vivir en la comunión del Padre,

del Hijo, del Espíritu Santo.

Y que se acerquen, juntos,

al Señor, para resplandecer con su luz

a fin de que en su rostro ya no haya sombra.

Y que el mundo reconozca a Jesucristo

que vive en los suyos, ahora y para siempre.

 

 

 

Ext.: L.J. Card. Suenens, El cristiano en el umbral de los nuevos tiempos, Ertvelde, FIAT, 1999.

El cristiano en el umbral de los nuevos tiempos
L.J. Cardenal Suenens

El cardenal Suenens fue madurando el proyecto de componer una especie de vademécum para el cristiano en camino hacia el ano 2000. Pesaba en una especie de guía, que pudiera tenerse al alcance de la mano para los tres anos preparatorios del aniversario del Nacimiento de Cristo.

El esquema estaba claro: para él, la vida cristiana brota de la Santísima Trinidad, el cristiano es hermano de Jesus, esta animado por el Espíritu Santo y es hijo del Padre. Por eso el camino a seguir le parecía evidente: el cristiano, en union con Maria, sigue a Jesus, vive del Espíritu Santo y esta en camino hacia el Padre.

152 p., ISBN: 84-7050-555-6
10,00 EUR – Tienda