La Casa de la Misericordia – Cardenal Danneels



Santo Padre, queridos hermanos y hermanas en el Señor:

Mi intervención no es teológica, ni canónica, ni pastoral, sino espiritual.

Los países de Occidente son, en general, países florecientes. Tienen una política social, y se preocupan por los pobres; disponen de una medicina que ha hecho grandes progresos y sus hospitales son de una elevada calidad. También hacen mucho desde el punto de vista material por las parejas y las familias. En virtud de todas estas razones, en Occidente, todos deberían ser felices, ¡o casi! Y sin embargo…

A pesar de todos estos esfuerzos de la sociedad, no cesa de resonar un grito en el corazón de cada hombre y de cada mujer: «Desde lo hondo a ti grito, Señor» (Sal 130[129]). Los hombres no cesan de plantear las dos mismas preguntas día tras día:

–        ¿dónde puedo encontrar un lugar en el que se me escuche en profundidad?

–        ¿quién me dirige una palabra liberadora?

Afortunadamente, en el fondo del corazón, cada hombre y cada mujer encuentran ese rincón escondido, donde habita alguien que escucha y entrega una palabra que libera.

Es el lugar donde Dios reside en nosotros, donde su Espíritu habita en nosotros.

Ese rincón escondido se llama «la casa de la misericordia»

La palabra hebrea (rahamin) que corresponde a la palabra latina «misericordia», no contiene la palabra corazón; toma otra palabra: «seno, útero». Y es que el «lugar de la misericordia» es un espacio donde reina la ternura del corazón, una atmósfera que se parece al calor del seno materno. Es una ternura que supera incluso a la que reina en la intimidad de los esposos. Allí donde habita Dios, reina, en efecto, la atmósfera de una intimidad maternal: Dios escucha, habla, cura y asiste, lo perdona todo como una mamá. Aun cuando la situación sea insoluble para su hijo, su mamá encuentra el modo de ser mamá.

Dios habita ahí, como un Pastor, el gran Pastor. Pero hay también otros pastores, los pequeños pastores. Son los sacerdotes y muchos otros laicos. Porque ¿hay un solo hombre o una sola mujer que no tenga un pequeño cordero que le ha sido confiado para que se ocupe de él? Los pequeños pastores: sacerdotes y laicos, son el «personal» de la «Casa de la misericordia». ¡Debemos agradecérselo!

Estos últimos meses, miles de personas han enviado innumerables preguntas, sugerencias destinadas a este Sínodo. Todo eso procedía de su corazón. Dios habitaba en ellos, les ha empujado a entregarse. Buscaban esta atmósfera de calor maternal divino.

Esta ternura maternal de Dios es indispensable para hacer a los hombres felices. Gracias a aquellos y aquellas que han compartido con nosotros sus preocupaciones. Gracias también a los sacerdotes y a los otros pequeños pastores.

+ Godfried Cardenal Danneels

Vatican Radio

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Foto: l’Osservatore Romano, Kerknet