El arte de ser apóstol – según el cardenal Danneels (1933-2019)



El cardenal Danneels siempre puso el acento en una “evangelización suave”.

De igual modo que existe un arte de ejercer un oficio y un arte de vivir, existe también un arte de ser apóstol. La originalidad de la experiencia apostólica viene, sin embargo, de su origen: en el punto de partida está el Señor.

A partir de la experiencia dada por el Señor, el Cardenal nos propone que reflexionemos sobre las actitudes de fondo, sobre las corrientes portadoras de una sabiduría apostólica. Compartimos algunos extractos del artículo publicado en «Pastoralia» 09/1995, p. 148-150 (Archidiócesis de Malinas-Bruselas).

 

  1. Tomar conciencia de nuestra finitud

Para poder llevar el peso del día y de la hora, hemos de aceptar nuestras limitaciones. Reconocer nuestras propias limitaciones no es un acto de resignación: comporta una cierta alegría. La debilidad en el ministerio no es necesariamente una desventaja. Es el crisol de la gracia y, por ende, una fuente de valentía.

 

  1. Darnos cuenta de que no estamos solos

Con la edad, cada vez caigo más en la cuenta de lo mucho que estoy religado a muchos otros, a través de la comunión de los santos y de las innumerables colaboraciones que tejen la realidad de la Iglesia universal.

Si echo la vista atrás, veo que estoy adosado a una historia de la Iglesia que posee una riqueza de más de 2000 años de testimonios variados. Los apóstoles, los santos y las santas siguen siendo grandes colaboradores en la Iglesia, a pesar de que ya estén muertos.

Si miro a mi alrededor, me siento integrado en una Iglesia planetaria; eso me ofrece un gran apoyo y mucha valentía; y también pericia. Miro cómo hacen las cosas en África, en Japón o en América Latina. Eso me permite no absolutizar nuestra situación.

 

  1. Sabernos llamados

Uno debe tener siempre ante sus ojos el sentido de su vocación personal. Yo mismo he encontrado esta llamada en mi vida. No soy yo el autor de esa llamada. El hecho de saberme llamado me relaja mucho.

Este aprendizaje de la desposesión provoca un desbloqueo, la curación del sentimiento de hiperresponsabilidad. Y me digo a mí mismo: «Puedo hacerlo», es decir, que Dios me da la capacidad de hacerlo, más que: «Debo hacerlo».

 

  1. Sumergirnos en una espiritualidad de la escucha

Practico la misma escucha ante todos y ante todo. El hombre de fe se convierte de este modo, en el plano psicológico y relacional, en un hombre de escucha y de empatía.

La fe consiste en dejarse llamar por Dios. El apostolado consiste en dejarse llamar por las circunstancias y por la gente. Eso quiere decir dejar que las personas se expresen hasta el fondo de sí mismas, incluso si ello puede llevar a insultos. Dejar decirlo todo.

 

  1. Estar disponible para lo inesperado

Otra actitud de fondo: la disponibilidad permanente a ponerse en tela de juicio, a alterar todos los planes, aunque hayan supuesto un gran trabajo. Ser vulnerable, estar abierto al tiempo de Dios. Con frecuencia la voluntad de Dios se esconde en los pliegues de nuestras previsiones. Hemos de aprender a leer entre líneas, porque lo que está escrito no está escrito. De igual manera, lo inesperado de Dios se esconde en los huecos de nuestra experiencia.

 

  1. Tener sentido del humor

Si Dios es infinito, es infinitamente humorístico. El sentido del humor se manifiesta sobre todo en la relativización de nuestros errores y en el hecho de que no incubo mis éxitos, como una gallina. El humor es sinónimo de humildad y de verdad.

© Pastoralia 09/1995 p. 148-150. (Archidiócesis Malinas-Bruselas).